Ayer viendo Jericho, serie a la que me he aficionado a falta de House, Anatomía de Grey, Perdidos, CSI, Mujeres Deseperadas, etc, aparecía que habían sufrido un ataque por este tipo de armamento.
Este tipo de ataque está realizado con armas generadoras de importantes cantidades de energía electromagnética ambiental que destruyen de manera total o parcial todo equipamiento eléctrico y electrónico que se vea afectado por su radio de acción.
El pulso electromagnético es un efecto secundario descubierto con las pruebas atómicas, ya que se comprobó que después de una explosión de este tipo se dañaban e inutilizaban todos los aparatos electrónicos dentro del radio de acción. Esto es así ya que la mayor parte de la energía de una explosión se libera en forma de rayos Gamma y X siendo ,sobre todo la primera, altamente ionizante. Tanto es así que ioniza hasta el propio aire circundante provocando la destrucción de equipos electrónicos no aptos para la radiación además de generar graves heridas o la muerte en seres vivos debido al ataque de este tipo de radiación a las células. Por su parte, la radiación Gamma se consume enseguida y crea un campo electromagnético zonal de kilómetros de diámetro.
Así pues una bomba EMP detonada cerca de fuerzas enemigas dejaría todas sus defensas y contramedidas en tierra, inmovilizadas y más teniendo en cuenta que hoy día la ventaja que confiere la electrónica a los ejércitos modernos es vital. Lógicamente, muchos sistemas de arma e instalaciones militares modernos incorporan protecciones contra el EMP. No obstante, tales protecciones son complejas, se deterioran rápidamente con el tiempo y no se ha establecido su eficiencia ante el fallo generalizado de todas las infraestructuras civiles y militares circundantes. Se han descrito numerosos escenarios en que estos sistemas o instalaciones protegidos se transforman en los llamados islotes tecnológicos, que pierden su eficiencia o van dejando de operar conforme agotan sus medios para el funcionamiento autónomo (combustible, baterías, repuestos, sistemas añejos, tripulaciones de refresco, etc), al más puro estilo Terminator…
Además, se encuentra el ataque de pulso electromagnético de gran altitud, ataque HEMP o Bomba del Arco Iris. Es un tipo de ataque de pulso electromagnético masivo ejecutado mediante la detonación de un arma nuclear a gran altitud, lejos de la atmósfera terrestre. Sería capaz de cubrir un continente entero, causando un completo caos civil y militar en el área alcanzada por privación de los servicios esenciales (electricidad, agua potable, distribución alimentaria, comunicaciones, etc) durante un periodo de tiempo indefinido. Se considera que un ataque de estas características constituiría el compás de apertura de la guerra nuclear, pues sus efectos instantáneos dificultarían o paralizarían cualquier tipo de defensa contra el inminente ataque. Aunque no fuera así, una sola “bomba del Arco Iris” desarticularía completamente las infraestructuras vitales de cualquier nación moderna, provocando el despoblamiento de las grandes ciudades y un número enorme de víctimas por hambre, epidemias, aniquilación económica y desestructuración social. Es dudoso que ningún país lograra sobrevivir a semejante situación como entidad social organizada.
No se conoce ninguna defensa eficaz contra este tipo de ataque, para cuya ejecución sólo se requiere una bomba termonuclear de potencia intermedia (en el rango del megatón) y un cohete capaz de elevarla a unos 300-500 km sobre el área objetivo. Es posible proteger instalaciones o vehículos individuales contra el mismo mediante el uso de técnicas específicas muy delicadas, pero no una nación completa.
Los seres vivos y los objetos no eléctricos son inmunes al ataque HEMP de manera directa, pero indirectamente les resulta fatal. El daño causado es resultante de la sinergia negativa acumulada por el fallo simultáneo de millones de equipos sin posibilidad de repararlos o sustituirlos en un plazo de tiempo breve, puesto que los repuestos, vehículos, instrumentos, etc, necesarios para la reparación se hallarían igualmente averiados. Los sistemas digitales modernos son especialmente sensibles a este tipo de ataque. Según un estudio de la IEEE, la mayoría de componentes electrónicos actuales fallan en presencia de pulsos electromagnéticos de 1.000 voltios/metro, y resultan destruidos en torno a los 4.000 voltios/metro. Un ataque de pulso electromagnético de gran altitud induce en torno a 50.000 voltios/metro, por encima de doce veces más.
Este efecto se observó por primera vez, de manera accidental, durante las pruebas norteamericanas Starfish Prime de 1962, en la que se observó que los satélites que pasaban cerca del lugar de la explosión dejaban de funcionar a causa de la radiación existente. Desde entonces, todas las potencias nucleares de primer orden han incorporado a su arsenal armas capaces de producirlo.
Es por su capacidad para generar pequeñas auroras, debida a la enorme ionización inducida en las capas altas de la atmósfera, que este tipo de arma recibe el poético nombre de bomba del Arco Iris.

Comentar además que estos problemas de radiación, pero en circunstancias normales a menor escala, son los que sufren los satélites a diario y por ello se les confieren elementos de blindaje (tanto externo como interno) así como una electrónica especialmente preparada para funcionar correctamente bajo entornos de radiación al menos por varios años (dependiendo de la calidad de la electrónica), utilizando entre otras técnicas sustrato de zafiro en el caso de semiconductores. Esta radiación que afecta a los satélitos es debida al Cinturón de Van Allen, así como el viento solar, fulguraciones solares, rayos galácticos cósmicos, radiación secundaria, etc.
Ojalá nunca veamos ni este, ni un ataque nuclear en nuestras vidas… Aunque la solución es “fácil”, hacer sistemas más rudimentarios y no electrónicos, tal y como vivíamos hace muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho tiempo.
Vía | Wikipedia
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