Científicos norirlandeses de la Queen’s University de Belfast han desarrollado una antena que no expande la señal hacia todas partes sino que, colocada en una parte del cuerpo, hace que las ondas se deslicen por la superficie de la piel. La antena está diseñada para poder conectar, sin cables, dispositivos que se apliquen al cuerpo, como en el caso de sensores que midan determinadas constantes corporales o recojan información del entorno.
Esto permitirá en el futuro el desarrollo de aplicaciones relacionadas con la medicina. Un controlador instalado en la cintura podría recoger la información enviada por antenas con función de biosensores situadas en el pie, el codo, el hombro o el lugar del cuerpo cuyas constantes se deseen observar. También tiene utilidad en equipamentos requeridos por las fuerzas de seguridad, el personal de ambulancias o destacamentos de rescate. Sirva como ejemplo de esto último el caso de los uniformes técnicos empleados por quienes entran a salvar a otras personas en pozos o galerías donde existe el riesgo de presencia de gases venenosos. El mono que visten lleva sensores repartidos por el cuerpo, pero en la actualidad éstos están conectados con cables que pueden romperse y dan menos flexibilidad a las prendas. La “skin-tenna” ofrece la posibilidad de eliminar los cables y conectar los sensores mediante señales de radio.

Según sus inventores, William Scanlon y Gareth Conway, este ingenio es más eficaz, pequeño y ligero que otras soluciones avanzadas para la misma función, como la tecnología bluetooth. Aunque han desarrollado antenas de sólo un centímetro de grosor, avanzan que el tamaño puede reducirse a la mitad, con la posibilidad en su utilidad médica de que se incorporen a vendas para el seguimiento de la evolución de las heridas.
Antenas parche para situarlas sobre la piel han sido desarrolladas con antelación, pero se han demostrado pobres conectores debido a que las señales se separan del cuerpo y no lo recorren. También se ha ensayado hasta ahora con pequeñas antenas de mástil, como las que se utilizan en los coches, pero aunque son mejores emisores lateralmente, siguen transmitiendo también hacia arriba.
El modelo de Scanlon y Conway parte de los principios físicos de estas últimas. Las antenas de mástil se sostienen sobre una placa de material conductor, como es el techo del coche, que refleja las señales que viajan hacia abajo. Lo que han hecho los dos investigadores es darle la vuelta a ese diseño, de manera que la placa está en la parte superior y separada del cuerpo. Esto ayuda a canalizar las señales a lo largo de la piel. Las señales salen hacia los lados al reflejar sobre la placa conductora.
“La idea de invertir la antena para fomentar la propagación de las ondas a lo largo del cuerpo es digna de ser patentada”, ha reconocido John Batchelor, un ingeniero de la Universidad de Kent que está trabajando en dispositivos similares.
Fuente | NewScientist.com



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