La “Tragedia de los Comunes” apareció en un folleto poco conocido escrito en 1833 por William Foster Lloyd y que popularizó el biólogo Garret Hardin. Hardin obtuvo conclusiones que se podían aplicar a la carrera armamentística, a la contaminación, la sobrepoblación…
En la formulación que popularizó Garrett Hardin, hablaba de una comunidad de campesinos que tenían ovejas. Dicha comunidad se supone rodeada de pastos de gran calidad de uso público en los que las ovejas pueden alimentarse. Cada vecino prefiere alimentar a su ganado en los pastos comunales que en otros propios de peor calidad. La tragedia se produce cuando todos los pastores actúan de esta forma y las pequeñas pérdidas se suman y provocan la desaparición de esos pastos comunes. Para que algún vecino se beneficie de los pastos, otros deben pagar el coste de renunciar, o cada uno debe renunciar en parte.
La misma estructura se puede aplicar a cualquier dinámica de agotamiento de recursos por sobreexplotación, y parece estar en el origen de la contaminación ambiental –donde una atmósfera no contaminada podría desempeñar el papel de los pastos comunes, y el automóvil privado el papel del ganado-.
Garrett Hardin aseguraba en su artículo que los problemas que pertenecen a esta categoría no tienen soluciones técnicas. Lo que necesitan son cambios en el comportamiento y las costumbres de los seres humanos: las personas actúan según sus propios intereses obteniendo un beneficio inmediato (por ejemplo, llegar antes al trabajo usando el transporte privado) mientras que las pérdidas ocasionadas por estas decisiones no se experimentan de forma inmediata. Además es difícil ver la conexión entre esas decisiones inmediatas y los problemas derivados de ellas. Si sólo yo cogiese el coche para ir al trabajo, de hecho, no afectaría al medio ambiente. Al igual que el pastor que lleva sus ovejas a los pastos comunes, la ventaja es clara mientras que la pérdida se ve difusa y lejana. Pero cuando muchos pastores actúan de igual manera, todos acaban sufriendo las consecuencias.
En definitiva, la Tragedia de los Comunes nos enseña que hacer lo mejor para uno mismo no es lo que más nos beneficia y que al contrario de lo que pueda parecer a primera vista, las actitudes morales contrarias a la satisfacción del propio interés son las que más nos benefician a todos.
Más información:
Wikipedia (El dilema del prisionero)
Cambio climático
Diccionario Crítico de Ciencias Sociales
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